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Calor y hormigón: el cuidado es parte del proceso.

Durante el verano, las altas temperaturas representan un desafío importante para el correcto desarrollo del hormigón. En días de calor extremo, la evaporación del agua se acelera, lo que puede afectar directamente el proceso de curado y, en consecuencia, la calidad final de la estructura.

Cuando el hormigón pierde agua de manera prematura, aumenta el riesgo de fisuras superficiales, disminuye la resistencia mecánica y se compromete su durabilidad a largo plazo. Por este motivo, el control de las condiciones ambientales y la correcta protección durante las primeras etapas resultan fundamentales.

La utilización de sombra es una de las medidas más efectivas para mitigar los efectos del calor. Al reducir la exposición directa al sol, se logra mantener la humedad necesaria para un curado adecuado, favoreciendo una mejor resistencia y un comportamiento estructural óptimo.

Construir bien no es solo ejecutar, sino también cuidar cada etapa del proceso. En contextos de altas temperaturas, la planificación y el control se vuelven aliados indispensables para garantizar resultados.

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